La propia Comisión Europea, en su iniciativa titulada Una Brújula para la Competitividad de la UE, insiste en la necesidad de “simplificar el entorno regulatorio, reduciendo cargas y favoreciendo la rapidez y la flexibilidad”. En este contexto, la acreditación es una herramienta cada vez más utilizada por las administraciones europeas, nacionales, regionales y locales de todo el mundo para avanzar hacia regulaciones más simples sin comprometer la seguridad jurídica ni la confianza pública.
Con este propósito, la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC) ha publicado un nuevo documento que ofrece a las diferentes administraciones públicas una visión clara y práctica de cómo la acreditación puede apoyar los procesos de simplificación administrativa.
Los organismos evaluadores de la conformidad: una pieza clave para regular con eficacia
Numerosos desarrollos reglamentarios dependen del trabajo de los organismos evaluadores de la conformidad (OEC): laboratorios, entidades de inspección, organismos de certificación… Su papel es fundamental para verificar el cumplimiento de los requisitos incluidos en las disposiciones en ámbitos tan diversos como la calidad del agua, la seguridad industrial, la ciberseguridad, la eficiencia energética o la calidad alimentaria.
Sin embargo, regular su actividad no es sencillo. Requiere establecer requisitos técnicos muy específicos y asegurar mecanismos sólidos de supervisión para evitar riesgos o dinámicas de “competencia a la baja” en el mercado. A todo ello, se añade que las administraciones no siempre disponen de los recursos o la experiencia técnica para realizar esta supervisión. Aquí es donde la acreditación se convierte en una solución clave.
La acreditación: confianza basada en la competencia técnica
La acreditación, recogida en el Reglamento (CE) nº 765/2008, es el mecanismo internacionalmente reconocido para demostrar la competencia técnica de los OEC. ENAC, como organismo nacional de acreditación en España, actúa con independencia, sin ánimo de lucro y bajo supervisión internacional, evaluando periódicamente a los organismos acreditados mediante expertos altamente cualificados.
Este modelo aporta respuestas claras a dos desafíos centrales:
● Supervisión fiable: ENAC realiza evaluaciones rigurosas y periódicas, lo que libera a la Administración de asumir esta tarea directamente.
● Necesidad de regular: los requisitos ya están recogidos en normas internacionales, evitando la creación de nueva regulación técnica innecesaria.
El resultado es un mecanismo que proporciona seguridad jurídica, transparencia y una reducción significativa de costes y tiempos, tanto para la Administración como para las empresas.
Un puente entre la regulación y el mercado
La acreditación tiene una ventaja diferencial y es que opera tanto en el ámbito reglamentario como en el voluntario. Esto genera enormes sinergias, pues un organismo acreditado puede demostrar su competencia ante múltiples administraciones y sectores sin duplicar evaluaciones.
Además, gracias al principio de reconocimiento mutuo en la Unión Europea, las acreditaciones concedidas por cualquier organismo nacional de acreditación europeo se aceptan como equivalentes. Esto facilita un mercado único más fluido, coherente y competitivo, reduciendo trabas innecesarias y favoreciendo la confianza entre administraciones y empresas.
¿Cuándo incorporar la acreditación en la regulación?
El documento de ENAC destaca tres situaciones frecuentes en las que la acreditación resulta especialmente valiosa:
1. Campo regulado: cuando se delegan en organismos externos actividades de control que antes desempeñaba directamente la Administración (por ejemplo, inspección técnica de vehículos, control oficial de alimentos o verificaciones ambientales).
2. Campo voluntario regulado: actividades cuya ejecución es voluntaria, pero en las que el regulador debe supervisar a los organismos autorizados (por ejemplo, denominaciones de origen o verificaciones medioambientales).
3. Toma de decisiones basada en informes de terceros: como la clasificación de proyectos, la validación de declaraciones ambientales o la verificación de requisitos para subvenciones.
En todos estos casos, la acreditación aporta certidumbre técnica y reduce la carga administrativa.
Colaboración con los reguladores
Otro valor destacado es la capacidad de ENAC para colaborar con reguladores en el diseño de requisitos complementarios o específicos para sectores concretos. Esta flexibilidad permite adaptar la acreditación a la evolución de la normativa y a nuevos desafíos, sin necesidad de generar marcos regulatorios complejos o rígidos.
El texto incluye, además, ejemplos de esquemas de acreditación desarrollados en colaboración con distintas administraciones, así como referencias a múltiples regulaciones europeas, estatales y autonómicas que ya incorporan requisitos de acreditación en ámbitos tan variados como sostenibilidad, ciberseguridad, cambio climático, eficiencia energética, telecomunicaciones o seguridad industrial.
Una herramienta estratégica para la modernización regulatoria
Con todo ello, la acreditación no solo aporta confianza en la competencia técnica, sino que permite a los reguladores disponer de mecanismos ágiles, fiables y reconocidos internacionalmente para simplificar, supervisar y reforzar el cumplimiento y la consecución de los objetivos de las políticas públicas.
En un entorno en el que la agilidad regulatoria es clave para la competitividad, la acreditación se posiciona como un instrumento imprescindible para avanzar hacia marcos normativos más simples, eficientes y confiables.
Autor:
Ignacio Pina
Director técnico de la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC)
16/03/2026